Sara Vallejo vivió casi toda su vida en Tucumán, pero su espíritu viajero la consagra como una ciudadana del mundo, o de ningún lugar en ...

La jubilada que vendió su casa, compró un motorhome y salió de viaje por América Latina La jubilada que vendió su casa, compró un motorhome y salió de viaje por América Latina

La jubilada que vendió su casa, compró un motorhome y salió de viaje por América Latina

La jubilada que vendió su casa, compró un motorhome y salió de viaje por América Latina

Sara Vallejo vivió casi toda su vida en Tucumán, pero su espíritu viajero la consagra como una ciudadana del mundo, o de ningún lugar en particular. Para ella "viajar es más que conocer un lugar, es conocer su gente, vivenciarlo a fondo", dice, y enumera: "sus comidas, sus olores, sus paisajes, sus amaneceres, sus puestas de sol, en fin, todo lo que te brinda un lugar que te enamora".

Voy a vender mi casa y me voy a comprar un motorhome

"Voy a vender mi casa y me voy a comprar un motorhome", les dijo a sus tres hijos hace un año y medio, que al principio le respondieron que estaba loca y no le dieron importancia.

Lejos de desechar la idea, vendió su casa, subastó casi todas sus pertenencias, se compró un motorhome y se lanzó a la ruta.

Sara fue profesora de inglés, aunque asegura que a lo largo de su vida "se dedicó a mil cosas". La clave, para ella, está en no quedarse quieta y en vivir el presente. "A donde me lleve el viento, encaro para donde tengo ganas en el momento", reafirma.

Su primera barrera fue la económica, pero derribarla, para Sara, no costó más esfuerzo que una decisión: vender su casa, su auto y "todas sus cosas menos algunas que quedaron en once cajas".

Venta de garage

"Paseaba por mi casa, miraba todas mis cosas y pensaba qué iba a hacer con todo eso, hasta que un día empecé: hice unos cartelitos en unos afiches de papel creppe, los puse en la puerta de mi casa y decidí que el sábado siguiente iba a hacer una feria de garage", cuenta Sara, que desplegó afiches en los postes del barrio para que los vecinos se enteraran.

"El sábado abrí las puertas, me puse unas mesas en la galería y fui acumulando todas las cosas de las que me podía desprender, porque no me iban a servir en esta aventura, y así fue que con papelitos y cartelitos pinchados por alfileres puse precios: $ 20, $ 40, $ 100 era lo máximo, y rematé todo a amigos y vecinos que se llevaron lo que a ellos les gustaba", detalla. Fuente: Uno Santa Fé

PUBLICADO POR FM Libra 106.7-Allen-Río Negro.
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PUBLICADO EL 17/11/2017

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